EL PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN DE PSIQUIATRAS ARGENTINOS HABLÓ SOBRE LA SITUACIÓN DE LA SALUD MENTAL
Una deuda que se paga caro
El representante de los psiquiatras, Santiago Levín, se refirió a su colaboración con el gobierno, la importancia de la información, la falta de inversión en salud a lo largo de los años, y los aspectos negativos y también positivos del confinamiento
El presidente Alberto Fernández anunció hace diez días en una conferencia, el fin del aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO) en el Área Metropolitana de Buenos Aires, y el comienzo del distanciamiento social preventivo y obligatorio (DISPO). Las medidas más importantes se darán hasta el 29 de noviembre, en 10 provincias.
El primer mandatario recalcó:
“Ese distanciamiento que estamos proponiendo, lejos está de que el problema se
haya resuelto”. Desde aquel 20 de marzo en el que se anunció la medida de la
cuarentena, se pasó por distintas fases de aislamiento, diferentes
restricciones y aperturas, hasta que se hizo oficial en el AMBA el gradual
comienzo de la “nueva normalidad”.
Sin embargo, la población
atravesó durante este tiempo un “proceso de duelo”, aseguró Santiago Levín, psiquiatra
(UBA), y presidente de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA). El
doctor, que en agosto fue parte del equipo de asesores del presidente, habló
con nosotros sobre la salud mental
en la Argentina durante la pandemia del coronavirus, e indicó que “nada de esto es gratuito”.
LA SALUD MENTAL, “EL
ÚLTIMO OREJÓN DEL TARRO”
-¿Cómo es el vínculo
actualmente entre APSA y el gobierno? ¿Cómo y cuantas veces fueron convocados a
la mesa de asesores?
Nosotros no le propusimos nada al
gobierno hasta que no fuimos convocados desde psiquiatría y salud mental, y eso
sucedió después de que se terminó la cuarentena estricta. Fuimos convocados
después a fines de agosto. Fuimos proponiendo muchas cosas desde los
comunicados de la Asociación de Psiquiatras. Desde el inicio tenemos un montón
de propuestas hechas. No las llevamos los primeros meses al gobierno, porque la
mesa de expertos asesores estaba conformada únicamente por médicos
especialistas en infectología y medicina interna.
Fuimos convocados dos veces. La
segunda fue hace un mes y medio, dos, aproximadamente. Y desde entonces no
hemos sido convocados nuevamente. Al inicio de la pandemia, con toda la novedad,
la urgencia, fue lógico que se armara una mesa de especialistas en epidemias,
en virus, en infecciones. Luego pasó un tiempo largo hasta que todos empezamos
a entender de qué se trataba el asunto. Nosotros propusimos desde el inicio que
se llame a ampliar un poco esa mesa de asesores. No solamente a profesionales
de la salud mental, sino a otras profesiones. Finalmente eso se fue dando. Pero
esto es un proceso muy dinámico, y no siempre las cosas se llegan a hacer a
tiempo.
-¿Cree que desde el gobierno le dieron
la importancia debida a la salud mental durante la cuarentena?
Yo creo que el gobierno hizo lo posible
por hacerlo. La salud tiene un peso relativo bastante bajo desde hace décadas
en la Argentina. Y mucho menos tiene la salud mental, que debería tener un
presupuesto como mínimo del 10% del presupuesto total de salud, según las
recomendaciones de las Naciones Unidas. Y en países como el nuestro estamos por
debajo del 2%. Es decir, la capacidad de invertir, de programar, de planificar
es muy disminuida. El gobierno creo que, como casi todos los gobiernos del
mundo, estaba muy preocupado por ver de qué modo se podía ir abriendo un poco
la economía, para contrarrestar el tremendo parate económico que dejó esta
pandemia, y quedan afuera estas preocupaciones para después. Nosotros venimos
insistiendo mucho en que se le diera un poco más de importancia. En mayo de
este año, el Secretario General de Naciones Unidas, que es un ingeniero
portugués, António Guterres, salió a hacer unas declaraciones importantes,
pidiendo que se invirtiera en prevención en salud mental, sabiendo que la
pandemia iba a tener consecuencias en la salud mental de todas las poblaciones
del mundo. Los países de ingresos medianos o bajos como Argentina, no están
haciendo la inversión que se debería estar haciendo en prevención en salud mental.
LOS MEDIOS MASIVOS Y SU RESPONSABILIDAD SOCIAL
-¿Qué rol cree que tuvieron los medios teniendo en cuenta el lenguaje que
utilizaron, o lo que comunicaron, durante la cuarentena? ¿Qué rol cree que
deberían tener a partir de ahora?
Los medios privados, y/o hegemónicos han
tenido un rol generalmente poco favorable al cumplimiento de las medidas
sanitarias. En general, los medios privados son unidades de negocios, y ganan
más plata en la medida que aumentan el tráfico de oyentes o televidentes, lo
cual les permite cobrar más cara la tanda publicitaria, de donde se obtienen
ingresos enormes. Entonces muchas veces se observa que la ética editorial,
queda reemplazada por una lógica comercial. Ahí lo interesante no es contribuir
a que la población entienda mejor las medidas, sino hacer ese tipo de
periodismo que lo que hace es buscar o favorecer el caos. En lugar de ayudar a
la población a pensar, a lograr cierta serenidad para que pueda funcionar el
pensamiento crítico, muchos medios se han dedicado a darle espacio a los anti
cuarentena, a los anti vacuna, creando aparte una gran cantidad de falsedades,
como por ejemplo “La cuarentena más larga del mundo”. Eso es falso, la
cuarentena fueron solamente las primeras cuatro, cinco semanas, desde el 20 de
marzo en adelante. Luego, rápidamente se fueron abriendo (tal vez no de la
mejor manera) las distintas actividades y se fue ampliando lo que se considera
actividad esencial. Ya en julio, agosto, seguir hablando de la cuarentena más
larga del mundo implica un cierto juego alrededor de la grieta política, que
muchos medios han utilizado.
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"Los países de ingresos medianos o bajos como Argentina, no están haciendo la inversión que se debería estar haciendo en prevención en salud mental"
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Nosotros desde el principio propusimos tomar la comunicación social como uno de los elementos sanitarios principales, porque una pandemia siempre es una mala noticia. Y siempre va a producir daño, muerte, que no se hubiesen producido si no hubiéramos tenido esta eventualidad. Entonces, todo el “chiste”, consiste en tratar de salir lo menos mal posible de la pandemia. Es imposible salir bien, es una desgracia. En este caso una catástrofe que no se ve fácilmente porque no es como un huracán, o como una inundación, o como un incendio. Es un microorganismo invisible, que no sea visible dificulta la comprensión del público en general sobre el verdadero riesgo que se corre. Entonces, en ausencia de una vacuna, y en ausencia de un tratamiento médico específico, como teníamos hace diez años para la Gripe A -un antiviral que permitía disminuir muchísimo la mortalidad de las personas que se ponían graves y había que intubarlas. En la ausencia de esas dos alternativas, lo que queda como posibilidad sanitaria, es la comunicación social. La comunicación como política de Estado. Ahí es donde venimos nosotros a decir: comunicación social no quiere decir “bla bla”, quiere decir instrumentar la mejor de las herramientas disponibles, la de la palabra, a los efectos de disminuir lo más posible los contagios y las muertes. Lamentablemente en nuestro país no se instauró una política de comunicación social a la altura de las circunstancias, razón por la cual tenemos hoy por desgracia, unos números de la pandemia que no nos ponen muy contentos. Tenemos tasas de infección por millón de habitantes muy altas, estamos en el top de diez, ocho, siete países con mayor cantidad de infectados por número de habitantes. Una cosa que empezó muy bien, con medidas de protección muy claras, luego se fue de alguna manera descompadrando. ¿Por qué? Habrá que estudiarlo con detenimiento en el futuro, el año que viene, o el otro. Mientras tanto, nosotros seguimos con el uso correcto de las metáforas. Por ejemplo, no es conveniente el uso de la metáfora bélica: “La guerra contra el coronavirus”, “El enemigo invisible”, “Los caídos en la primera línea de batalla”, etc. Son metáforas que no contribuyen al pensamiento crítico ni a la comprensión de lo que pasa. Una política de comunicación social tendría que estar estratificada según edades y condiciones sociales. También diferenciada para dirigirse a los habitantes de los barrios carenciados. En nuestro país son cuatro mil barrios carenciados, donde viven cerca de cinco millones de personas. No es lo mismo la pandemia para el que está en situación de calle, que para el que tiene casa con luz eléctrica y heladera llena. Entonces todo esto se debería haber tomado en cuenta. ¿Se hizo así en algún lugar del mundo? Desconozco. Alguna vez estudiaremos comparativamente como se tomaron las pandemias en distintos países, la verdad que hay casos muy sorprendentes.
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"Los medios privados, y/o hegemónicos han tenido un rol generalmente poco favorable al cumplimiento de las medidas sanitarias"
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El caso de Estados Unidos
por ejemplo, con una epidemia totalmente descontrolada, el caso de Brasil. El
caso de Bélgica, un Estado rico de la Unión Europea, cuna de premios Nobel,
grandes artistas tuvo uno de los peores números epidemiológicos de la pandemia.
Y también otros casos muy exitosos como el de Islandia, Nueva Zelanda, Cuba,
etc. En los tres casos son islas, también el caso de Japón, isla. Algo debe
tener que ver eso, pero lo que el coronavirus nos vino a mostrar es el enorme
nivel de inequidad social en el que vivimos en este mundo, y cómo las
desgracias y las tragedias pegan muy distinto en función de cómo esté parado
cada uno.
Nosotros venimos proponiendo desde el
inicio que se la tomen muy enserio la comunicación social, como instrumento
sanitario principal, en ausencia de una vacuna y de un tratamiento médico
específico.
-¿Cree que la manera de comunicar que han tenido los medios durante el
aislamiento, influyó en la salud mental de la gente?
Sí. Me parece que es imposible imaginarse
que la salud mental no se vea afectada por la información en una situación como
esta. La salud mental forma parte de la salud integral, no va por un camino
distinto. Entonces, todo lo que afecta la salud integral, afecta también la
salud mental, y viceversa. Una situación de crisis generalizada, de temor
generalizado, de incertidumbre, afecta
el bienestar, la integridad mental, y a las personas más vulnerables
también, que no son todas. Hay un grupo de personas que tienen más
posibilidades de poseer trastornos mentales que otros, entonces sí. Lo que han
hecho los medios, corporativos sobre todo, de comunicación, al agregar leña al fuego,
agregar angustia y zozobra, hacer circular fake news, no ayudar a distinguir la
buena información de la mala información, no recomendar serenidad, no sugerir apagar
de vez en cuando las pantallas, no recomendar la selección correcta de las fuentes
de información. Sí, han contribuido a un estado de excesiva ansiedad y temor.
EL IMPACTO DE LA
PANDEMIA DEL COVID-19 Y LA CUARENTENA, EN LA SALUD MENTAL DE LA POBLACIÓN
-¿De qué manera se han manifestado las consecuencias del confinamiento en
la integridad mental de las personas?
Todos los especialistas, los de virus incluidos,
pensábamos que esta crisis iba a durar mucho menos. Eran dos semanas de
cuarentena, después volvíamos todos a la vida normal. Esto duró mucho más de lo
que todos pensaban en el mundo. Sí, esto es un evento que va a dejar marcas en
todos nosotros por mucho tiempo, y es un fenómeno que vamos a estudiar desde
todos los ángulos, no sólo desde la salud. Se van a escribir libros, tesis de
doctorado, se van a filmar películas. ¿Cómo fue la cuarentena? Fue rara para
todo el mundo. Nadie está preparado para vivir de lunes a lunes metido en su
casa. Como ya dije, tampoco es lo mismo
hacer cuarentena en la calle, tener que salir a cartonear, o vivir en una casa
precaria en un barrio carenciado que no tiene agua potable y cloacas; que vivir
en una casa de clase media, con un sueldo depositado a principio de mes, netflix,
zoom, internet, y la heladera llena. No
hay un solo modelo de confinamiento al que podamos referirnos. Hay gente que
estuvo haciendo confinamiento en sus casas de los countries, con pileta y con
jardines, y podían salir a moverse y hacer deportes, y hay gente que quedó
metida en un departamentito, alejado de sus familias, o gente que se quedó en
una provincia que no era la que le correspondía.
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"Nosotros venimos proponiendo desde el inicio que se la tomen muy enserio la comunicación social, como instrumento sanitario principal, en ausencia de una vacuna y de un tratamiento médico específico"
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A todos y a todas nos afectó porque se
trató de una cuestión inédita, que generó a todos una especie de sensación de
ficción distópica, con las calles de las ciudades totalmente vacías, entre
tantas otras cosas. Entonces, nada de esto es gratuito. Tampoco quiere decir
que nos vamos a volver todos locos, pero si quiere decir que durante ese
confinamiento hubo un montón de cosas, reacciones normal y reacciones
patológicas. Los psiquiatras tenemos que tratar de no patologizar las
reacciones normales frente a situaciones como esta. Un poco de ansiedad, de
insomnio, de temor, de ganas de llorar, de sensación de duelo, está dentro de
lo normal. Porque todos hemos perdido muchas cosas, la presencialidad, pareja,
viajes, vacaciones, comienzo de clases, la vida normal. Cuando se pierde tanto,
se atraviesa un proceso de duelo que va a acompañado de tristeza, de desazón,
de falta de ganas de hacer las cosas. Todo eso puede estar en la lista de
reacciones pertinentes, normales, comprensibles. No hay que ir a ponerle título
a todo, ni siquiera tratamiento, mucho menos una medicación.
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"No es lo mismo la pandemia para el que está en situación de calle, que para el que tiene casa con luz eléctrica y heladera llena"
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Pero también hemos visto el incremento de
casos de trastornos de ansiedad, depresivo, el incremento de casos de
tentativas de suicidio. Muchas personas que están unidas por un hilo muy finito
a la vida, al quedar encerrada quedaron privadas de esa sensación de unión.
Esta anomia que se genera en este tipo de situaciones críticas, impulsa hacia
arriba la cantidad de tentativas suicidas. Hemos visto un aumento muy grande de
consumo de alcohol. Hubo mucha gente que había dejado de fumar, que retomo el
cigarrillo. Hubo un aumento importante de violencia doméstica. Durante las primeras
semanas de la cuarentena, la línea de asistencia por violencia de género tuvo
que ser rápidamente reformulada a mensaje de texto. Porque la persona víctima
de la violencia doméstica, no va a poder llamar por teléfono al agresor al lado.
Entonces, muchas cosas que surgieron que
antes no veíamos, algunas empeoraron, otras no. También es importante decir que
para algunas personas, pocas, una minoría, pero hay que decirlo; la cuarentena
vino bien también. Hay gente que no le gusta mucho ver a los demás y salir a la
calle, la gente más fóbica, se encontró como pez en el agua. Entonces, tampoco
fue una catástrofe ciento por ciento para todo el mundo. ¿Qué es lo que queremos nosotros, nuestro
sueño, los médicos y las médicas? En general vamos a las facultades a estudiar
medicina porque queremos un mundo más justo, y porque de alguna manera
entendemos que la salud pública es el instrumento sanitario de la equidad
social. Nosotros queremos un mundo en donde el coronavirus no pegue de manera
tan desigual, donde exista lo mismo a disposición de todos y de todas. Y estamos
muy lejos de eso. Entonces, ¿El problema es la pandemia del coronavirus? Sí. Pero
el problema de fondo no es el coronavirus, sino la injusticia social.
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"Cuando se pierde tanto, se atraviesa un proceso de duelo que va a acompañado de tristeza, de desazón, de falta de ganas de hacer las cosas"
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-¿La APSA tiene algún registro del aumento de casos de trastornos de ansiedad durante la cuarentena?
Ni APSA ni ninguna otra institución estatal o no estatal tiene ese dato. Uno de los grandes problemas, es que vivimos en países con presupuestos de salud muy bajos. Argentina tuvo en la década del ’50 un nacimiento fuertísimo de la salud pública con el ministro de Ramón Carrillo durante el primer peronismo, que fue aparte el primer ministro de salud de Argentina, antes no había ministro de salud. Y un día Perón le dijo a Carrillo: “Mire, tenemos un ministerio para las vacas (porque había ministerio de hacienda), ¿Cómo no vamos a tener uno para las personas?” Entonces, en nuestro país en esa época se invirtió mucho en salud. Después, prácticamente no hubo inversión en escala importante. Entonces, las cosas que faltan no son solamente el dinero para prevención, para construcción de hospitales, etc. Sino también, el estudio estatal serio mediante la estadística. Eso se llama epidemiología, que es el estudio, la estadística de las enfermedades en los países. En los países más ricos, con más potencia sanitaria, hacen registros, recaban información, centralizan información, cuánto tenemos de trastornos de ansiedad, cuántos tenemos de trastornos depresivos, cuánta gente tiene agua potable, cuánta gente no. Hace poquitos días el gobierno anunció que iba a empezar a poner al día a un millón de personas en la Argentina que no tiene DNI. ¡Un millón de personas! Una persona que no tiene DNI, tampoco tiene acceso a la salud, está caído del mapa, no tiene CUIT, no tiene CUIL, etc. Todo esto está interrelacionado.
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"Hemos visto el incremento de casos de trastornos de ansiedad, depresivo, el incremento de casos de tentativas de suicidio, consumo de alcohol y violencia doméstica"
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Para tener los números y una información real y
verídica de cuánto hay de cada cosa, se necesita una muestra poblacional
grande, técnicas estadísticas muy específicas, y por eso solamente lo puede
hacer el Estado. APSA participó hace cinco años, junto con el Ministerio de
Salud -antes de que Macri lo tirase abajo- , con la facultad de Medicina de la
UBA y con la Universidad de Harvard; en un estudio de epidemiología de salud
mental. Y dio como resultado un poco cual es la prevalencia, es decir, la
cantidad por año de personas afectadas por distintas patologías mentales. ¿Qué
hizo la pandemia con todo eso? Todavía
no lo sabemos. Seguramente, aumentó, pero un concepto muy importante a tener en
cuenta es que en general la salud mental se ve muy afectada en un segundo
tiempo, no en el momento agudo de la crisis. A medida que se empiece a levantar
la pandemia, a medida que vaya llegando la vacuna, y que podamos ir realizando
una vida con menos riesgos infectológicos, ahí es cuando vamos a empezar a ver
un aumento muy grande de consultas por motivos de salud mental.
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"Después de la década del '50, prácticamente no hubo inversión (en salud) en escala importante"
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-¿Y qué secuelas puede llegar a dejar el efecto del aislamiento en la salud
mental de la gente?
Secuela no lo sabemos, es una palabra
interesante porque secuela quiere decir una marca masomenos permanente después
de recibir una injuria, un daño. Muchas de las cosas que nos pasan a los
humanos pueden ser después recuperadas, sin dejar secuelas. Es una buena
pregunta, lo tenemos que ver en el futuro,
todo esto va a dejar una marca a las generaciones que estamos vivas por
un tiempo grande. Subirnos a un tren, a un colectivo, ir a la calle, el
barbijo, el alcohol en gel, estar a la mano de todos todo el tiempo. Vamos a
ver cómo nos reorganizamos entre todos, pero esto va a dejar marcas culturales,
marcas psicológicas, marcas institucionales. Hay cosas que vinieron a cambiarse
para siempre. Ahora con toda seguridad que muchas aspectos van a ser más
fáciles, como la virtualidad, porque algunas cosas positivas nos ha traído la
pandemia también, que van a quedar como marcas.
-¿Qué le diría a la población desde su lugar de profesional de la salud
mental?
Si pudiera hablar a toda la población junta
en este momento, le diría que el riesgo no pasó, que el anuncio de la vacuna no
inmuniza, para que la vacuna inmunice hay que ir y poner el brazo, y recibir la
inyección, seguramente dos dosis, que para eso falta todavía. Algún tiempo, un
mes, dos meses, tal vez seis meses, por lo tanto es necesario continuar con las
medidas necesarias de precaución sin entrar en pánico, basado en un concepto,
no de cuidarse uno y que se jodan los demás, sino en concepto de solidaridad.
Cuidarme yo para cuidarte a vos.
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"Le diría (a toda la población) que el riesgo no pasó, que el anuncio de la vacuna no inmuniza, hay que recibir la inyección, por lo tanto es necesario continuar con las medidas de precaución sin entrar en pánico"
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La Asociación de Psiquiatras Argentinos envía constantemente comunicados, brinda cursos y realiza congresos para el perfeccionamiento de los profesionales, y la concientización en estos tiempos de crisis. También se enfoca en analizar tanto el tratamiento de la pandemia por parte de los medios, como la implementación de la Ley Nacional de Salud Mental, a 10 años de su sanción.








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